AWAX Journal · Cuaderno de Bitácora
Montes Universales 2026
Tres jornadas de pistas, bosques, agua y montaña. Una ruta en la que el territorio fue marcando el ritmo y la convivencia terminó dando sentido a cada kilómetro.
Relato de Paco Mariskal Teruel · Guadalajara · Cuenca 9–12 de octubre de 2026
La expedición
Donde el bosque marca el camino
Montes Universales 2026 nació como una ruta para descubrir uno de los grandes territorios de montaña de la península desde dentro: por sus pistas, sus bosques, sus ríos y esos caminos que obligan a avanzar con atención.
Nos reunimos en Bronchales con tres vehículos y una idea sencilla: recorrer el territorio sin prisas, resolver juntos lo que apareciera y disfrutar tanto de la conducción como de las horas compartidas al terminar cada jornada.
Hay lugares que no se comprenden desde la carretera. Hay que entrar en sus bosques, seguir sus pistas y aceptar el ritmo que impone el territorio.
Diario de ruta
Cuatro fechas, una misma aventura
Llegada · Bronchales
El punto de encuentro
Carlos y yo fuimos los primeros en llegar al camping de Bronchales. Poco después se incorporó Pablo con su Toyota KDJ 120. Esteban y Belén venían desde Madrid y llegaron cerca de la medianoche.
Cuando todos estuvimos reunidos organizamos el campamento y repasamos la ruta que nos esperaba. Nos retiramos aproximadamente a la una de la madrugada. Al día siguiente comenzaba de verdad Montes Universales 2026.
Bronchales · Albarracín · Molino de San Pedro · Moscardón
La primera inmersión en los Montes Universales
La primera etapa nos llevó desde Bronchales hacia Albarracín, entrando en la ciudad desde las montañas. Fue una llegada distinta, ganada kilómetro a kilómetro por pistas que ya empezaban a mostrarnos el carácter de la zona.
Continuamos hacia las cascadas del Molino de San Pedro y seguimos recorriendo el entorno de Terriente y Moscardón. Bosques, agua y caminos de montaña fueron marcando una jornada intensa, pero también muy variada.
Terminamos el día en el Camping El Algarve, cerca de Moscardón. Allí montamos el campamento, cenamos y repasamos las primeras horas de ruta. La expedición había encontrado ya su ritmo.
Tajo · Turia · Júcar · Vega del Codorno · Las Majadas
Tres ríos y un bosque que quiso cerrar el paso
El domingo estuvo marcado por el agua. A lo largo de la jornada pasamos por los nacimientos de tres grandes ríos: el Tajo, el Turia —todavía Guadalaviar en estas montañas— y el Júcar. Tres cursos de agua que nacen muy cerca unos de otros y terminan buscando destinos completamente diferentes.
Seguimos hacia Vega del Codorno, el entorno de El Hosquillo y Las Majadas. A medida que avanzábamos, la vegetación se hacía cada vez más densa. Hubo pistas prácticamente devoradas por el bosque, zonas muy cerradas y tramos en los que cada metro exigía atención.
El campamento que no estaba previsto
Después de atravesar aquellas pistas, continuamos avanzando entre los espesos bosques de la Serranía de Cuenca. La tarde comenzaba a caer y había llegado el momento de buscar un lugar donde pasar la noche.
Alrededor de las seis o seis y media descubrimos una explanada escondida en medio de un bosque extraordinariamente denso. Un pequeño espacio abierto, rodeado de vegetación, que parecía hecho a medida para nuestro campamento. Decidimos detener allí la marcha.
Todavía disponíamos de una hora, quizá hora y media, antes de que desapareciera completamente la luz. Tiempo suficiente para posicionar los tres vehículos, desplegar el equipo de acampada y preparar la cena.
Después de una jornada intensa, aquel rincón se convirtió en nuestro refugio. Durante la cena comentamos las dificultades superadas, los lugares descubiertos y las situaciones que nos había deparado el recorrido.
Porque una expedición no termina cuando se apagan los motores. Muchas veces, algunos de sus mejores momentos llegan después, cuando nos sentamos juntos y empezamos a recordar lo vivido.
No prolongamos demasiado la velada. Entre las doce y las doce y media nos retiramos a descansar. Al día siguiente nos esperaba la última etapa.
Bosques de la Serranía · Laguna de Uña · Cuenca
El último descenso hacia Cuenca
A las siete de la mañana ya estábamos nuevamente en pie. Como durante toda la expedición, comenzamos con el ritual habitual: desayunar, desmontar los campamentos, recoger el material y preparar los vehículos.
Antes de marcharnos revisamos cuidadosamente el lugar donde habíamos pasado la noche. Cuando terminamos, nada indicaba que tres vehículos y sus ocupantes hubieran estado allí.
Nuestro objetivo era dejar aquel espacio incluso mejor de como lo habíamos encontrado. Disfrutar de la naturaleza sin dejar huella de nuestra presencia es una norma esencial de nuestra forma de entender el todoterreno.
Desfiladeros, pistas rotas y los últimos desafíos
La ruta comenzó a descender hacia Cuenca pasando por el entorno de la Laguna de Uña. Atrás quedaban las grandes masas forestales de las cotas altas. Desde aproximadamente 1.500 metros iniciamos un largo descenso hasta cotas próximas a los 700 metros.
No fue un paseo. Las pistas se adentraban en desfiladeros impresionantes, con tramos muy deteriorados, terreno irregular y pasos que exigían una conducción atenta y precisa. Hubo que seleccionar bien las trazadas y trabajar con cuidado, pero todo transcurrió sin incidentes.
Poco a poco perdimos altura hasta alcanzar las proximidades de Cuenca. Entre las doce y las doce y media dimos por finalizada la ruta. Antes de separarnos, todavía compartimos una última comida, comentamos lo vivido y nos despedimos como merecía la ocasión.